EMILIANO CANO DÍAZ

NACÍ EN MADRID EN 1981 Y ME PASÉ LA INFANCIA CANTURREANDO Y TOCANDO LA GUITARRA. LUEGO ME LICENCIÉ EN BELLAS ARTES, AUNQUE LO QUE MÁS ME GUSTABA ERA EL CINE. VIVÍ UNA TEMPORADA EN FRANKFURT AM MAIN (ESTUDIANDO CINE) Y OTRA EN BERLÍN (CANTANDO BOLEROS). HICE CORTOMETRAJES, SOBRE TODO EXPERIMENTALES, QUE FUERON A BASTANTES FESTIVALES Y GANARON ALGUNOS PREMIOS (ANIMADRID, 143 DELICIAS, ENKARZINE, PREMIO JOVEN UCM…), PERO AHORA ESTOY CENTRADO EN LOS DOCUMENTALES SOBRE TEMAS DE ARTE, COMO “FONDO PARA UN CABALLERO” (2010) O "JÚLIA" (2013).

NUNCA HE DEJADO LA MÚSICA, Y DESPUÉS DE TRABAJAR COMO DISEÑADOR GRÁFICO Y REALIZADOR AUDIOVISUAL ME PROFESIONALICÉ COMO CANTANTE LÍRICO, FORMANDO PARTE DE GRUPOS DE MÚSICA ANTIGUA (LA CAPILLA REAL DE MADRID, ALFONSO X EL SABIO, ENSEMBLE GUERRERO), Y TAMBIÉN DEL CORO NACIONAL DE ESPAÑA.

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miércoles, 17 de enero de 2007

arte y política
Algunas consideraciones inconexas sobre el arte y la política y el caso de Alberto Sánchez. (Este es un pequeño trabajo que escribí y expuse en la asignatura "Artista, sociedad y educación", de la facultad de Bellas Artes, y que de poco me sirvió ya que el profesor, jefe de departamento, me suspendió poco después, con lo que me hizo perder seis meses más hasta conseguir licenciarme.) Dice así:

La relación entre el arte y la política es uno de los grandes equívocos de las discusiones artísticas. Así, cuando se habla de arte político, de arte social, de arte comprometido o del compromiso del arte no sabemos muy bien a qué nos estamos refiriendo si no fijamos bien los términos, términos que a su vez cambian de una discusión a otra.

Dice Thomas Mann en su ensayo "El artista y la sociedad", de 1952 [+/-]

"Me pregunto si alguien se representa claramente hasta qué punto es espinoso el tema que se nos ha propuesto ("el artista y la sociedad"). Se duda mucho, creo yo, de ello, y se le presenta bajo un aspecto inocente. ¿por qué no decir enseguida: "El artista y la política", puesto que detrás de la palabra sociedad se disimula la política? Por lo demás, se disimula allí muy mal, porque el artista que se dedica a la crítica de la sociedad es ya un artista político, "politiqueante" o, para decirlo todo, moralizador. Llevado a su verdadera acepción, el tema debería, pues, titularse "El artista y la moral", forma, por otro lado, muy maligna del plantear el problema, y como hecho a pedir de boca para ponernos en un apuro. Porque se sabe muy bien que el artista es originariamente de una esencia no moral, sino estética, que su propósito esencial es el juego y no la virtud, e incluso que se arroga con toda ingenuidad al derecho de jugar dialécticamente con los problemas planteados y todas las antinomias de la moral…"

Dice también Goethe, el escritor alemán, sobre el tema:

"sin duda, es posible que una obra de arte tenga consecuencias morales; pero exigir del artista intenciones y metas, equivale a estropearle el oficio" y también, hablando de sí mismo "Jamás ha estado en mi manera de ser salir a la lucha contra las instituciones, esto siempre me ha parecido una presunción"

Llevando el tema al extremo, todo artista que vive dentro de una sociedad, esto es, todo artista, necesariamente ha de beber de ella y de producir a partir de ella. Entonces todo el arte es arte político, (político en cuanto social) y no es posible la dicotomía propuesta, la de "arte por el arte", la esencia estética del artista, que llama Goethe, y la del "arte político", la esencia moral.

En cambio, si tomamos "arte político" como el explícitamente partidario, el moralizante, el "presuntuoso", que dice Goethe, las cosas se ponen más fáciles, al menos a la hora de enmarcar las piezas artísticas en una corriente definida o de catalogarlas. Por otra parte, y tomando esta definición, “arte político” podrían ser considerados los monumentos conmemorativos a “mayor gloria de”, el arte que revisa la historia, el arte de los poderosos, pero no voy a buscarle los tres pies al gato y además la invención de la teoría del arte es cosa bien reciente. Me voy a centrar entonces en el arte de vanguardia.

El 3 de Noviembre de 1918 se subleva la flota alemana en Kiel. Las rebeliones se suceden en Hannover, Colonia y Munich, donde el socialista Eisner proclama la caída de la monarquía y forma el primer consejo de obreros y soldados. Ese mismo año surge mediante manifiesto el grupo de Noviembre, formado por artistas radicales (así se hacen llamar) relacionados estrechamente con las corrientes revolucionarias que siguen a la primera Guerra Mundial. A este grupo pertenecieron artistas como Kandisnky, Feininger, Schlemmer, Klee y algunos arquitectos que se aglutinaron en la Bauhaus.

El arte político surge a la vez que lo hace la toma de conciencia política de los pueblos. Surge en las grandes revoluciones de principios de siglo. Surge con la definitiva aniquilación del antiguo régimen y la salida a escena del hombre moderno.

Los años 20 son época de vanguardias y manifiestos, de rupturas, de radicalismos, de pensamientos políticos y anti-políticos.

En 1920 se publica en Moscú el manifiesto realista de Anton Pevsner y de Naum Gabo, donde se prescinde de todo análisis social o político y se indaga en categorías formales (el espacio y el tiempo) con términos más o menos idealistas. Unos meses después se publica en Moscú, como réplica, el manifiesto del grupo Productivista, que firman Tatlin, Rodchenko y Stepanova. Frente a la neutralidad de los artistas occidentales, fundamentan su actividad en el "comunismo científico, basado en la teoría del materialismo histórico"; el manifiesto concluye con las siguientes palabras: "¡El arte constructivo del presente es la vida constructiva!"

El movimiento dadaísta construye su arte como un ataque abierto a todo lo que suponga un orden, además, se opone a la guerra, a la política, al maniqueísmo y a la lógica racional. El surrealismo, precursor del dadaísmo, y del que forman parte Breton, Tzara, Ersnst, Eluard, Ray, etc, y los españoles Dalí y Buñuel, luchan (en palabras de este último) “contra una sociedad a la que detestan utilizando como arma principal el escándalo” y también “contra las desigualdades sociales, la explotación del hombre por el hombre, la influencia embrutecedora de la religión, el militarismo burdo y materialista”. “ El verdadero objetivo del surrealismo no era el de crear un movimiento literario, plástico, ni siquiera filosófico nuevo, sino el de hacer estallar la sociedad, cambiar la vida”. Y cuenta también Buñuel que “algunos (surrealistas) no tardaron en pasar a la política propiamente dicha y, principalmente, al único movimiento que entonces nos parecía digno de ser llamado revolucionario: el movimiento comunista.“

Pero yo iba a hablar del caso español. Las vanguardias entran a España por Barcelona, donde Francis Picabia edita la revista 391 a partir del año 1917, en la que colaboran Apollinaire y Max Jacob, entre otros. En Madrid, será Gómez de la Serna el gran instigador, y casi único, de la movida artística.

Y ahora voy a dar otro salto y hablar de Alberto Sánchez, que es un artista político.

En 1905 los marineros soviéticos se sublevan en Odessa, siendo aplastados rápidamente por los soldados zaristas. En 1925 Serguei Mijailovich Eisenstein rueda El Acorazado Potemkin, basado en este suceso, que se estrena en Madrid el 23 de diciembre de 1928 en el Cineclub español, fundado y organizado por Ernesto Jiménez Caballero y Luis Buñuel, en el cine Callao de Madrid.

Dice Alberto Sánchez:

"Yo quería hacer un arte revolucionario que reflejase una nueva vida social, que yo no veía reflejada plásticamente en el arte de los anteriores periodos históricos, desde las Cuevas de Altamira hasta mi tiempo… Al participar en la Exposición de Artistas Ibéricos conocía a varios pintores. Casi todos se fueron después a París, menos Benjamín Palencia. Palencia y yo nos quedamos en Madrid con el deliberado propósito de poner en pie el nuevo arte nacional, que compitiera con el de París…

(y sigue) … Durante un periodo bastante largo, a partir de 1927, más o menos, Palencia y yo nos citábamos casi a diario en la Puerta de Atocha, hacia las tres y media de la tarde, fuera cual fuese el tiempo… Terminábamos en el cerro llamado Almodóvar, al que bautizamos con el nombre de "cerro testigo" porque de ahí había de partir la nueva visión del arte español… Aprovechamos un mojón que allí había para fijar sobre él nuestra profesión de fe plástica: en una de sus caras escribí mis principios, en la otra puso Palencia los suyos; dedicamos la tercera a Picasso. Y en la cuarta pusimos los nombres de varios valores plásticos e ideológicos, los que entonces considerábamos más representativos; en esa cara aparecían los nombres de Eisenstein, El Greco, Zurbarán, Cervantes, Velázquez y otros.

(y luego) … de todo esto surgía la idea de lanzar una nueva escuela, la escuela de Vallecas. Tomamos la cosa con verdadero fanatismo. Una vez encontramos en un barbecho de Vallecas un zapato de mujer y sobre el hallazgo comparamos los dos mundos: el del campo abierto y el del interior de Madrid. Esto nos hizo lanzar el grito de ¡Vivan los campos libre de España!"

Que evidentemente, es un grito revolucionario, político.

Así, Palencia y Alberto fundan en Madrid la escuela de Vallecas durante esos años, hasta la guerra civil, y toman como modelo en la fuerza del campo español, mientras Dalí, Cossío y Bores marchan a París junto a Picasso, Gris, Julio González, María Blanchard y Joan Miró.

En 1936 estalla la guerra en España, y en 1937 el gobierno de la república presenta un pabellón español en la exposición universal de París. El pabellón tiene un fuerte contenido político, con obras de Alberto, Julio González y sobre todo Picasso, con El Guernica (posiblemente la culminación de la vanguardia artística y política en Europa antes de la 1ª Guerra mundial). Alberto Sánchez realiza allí la escultura monumental "El Pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella" cuya réplica se encuentra hoy frente al Reina Sofía de Madrid, y que el historiador Tussell, responsable de la copia, y a falta de documentación gráfica a color, identifica como una estrella roja.

En tiempos de incertidumbre y guerra, lo que habrá de salvarnos será el comunismo.

FIN

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